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Recomendar un juego musou siempre es difícil. Primero, porque hay que explicarle a la gran mayoría de gente qué es un musou. Por otro lado, por más vistosos que resulten, no hace falta jugar mucho para darse cuenta que su esencia es la repetición y los enemigos no dan más pelea que la que el pasto le da a la podadora. Aún así, Koei supo hacer una carrera con la saga Dinasty Warriors y encontró un segundo aire con las adaptaciones de otras IPs a su género de expertise.

Uno de los primeros experimentos con esta idea fue el Hyrule Warriors para WiiU y Nintendo 3DS, los cuales se sentían casi como un mod de la franquicia original, pero ofrecían cierta diversión. Luego llegó una continuación que por más que fuera un spin off de Breath of the Wild, no se animó a tomarse así mismo muy en serio y se planteó como un universo alternativo. Lo que sí quedaba claro en nuestro universo, es que este nuevo estilo de aventuras para el Héroe del Tiempo era muy bien recibido por los fans. Por eso se decidió redoblar la apuesta una vez más.

Lejos de las licencias delirantes de Hyrule Warriors y del revisionismo temporal de Age of Calamity, Hyrule Warriors: Age of Imprisonment propone algo inédito para la saga Musou de Zelda: convertirse en un capítulo canónico. En lugar de expandir el universo por vías alternativas, esta entrega se sumerge en los eventos de la Guerra del Destierro presentada en Tears of the Kingdom, funcionando como una suerte de edición extendida de las memorias de Zelda viviendo en el pasado que teníamos que encontrar. Y aunque mucho del relato será familiar para quienes completaron los 18 recuerdos en 2023, este nuevo Hyrule Warriors logra aportar capas adicionales que enriquecen la historia, sin traicionar su origen y condimentando muy bien lo ligero y pasatista de su gameplay. 

En términos narrativos, Koei Tecmo trabaja con una estructura mucho más contenida y respetuosa que en entregas anteriores. Es verdad que presenta un capítulo de la odisea de BOTW y TOTK que ya conocemos, pero lo hace de una manera elegante y completa que gracias al nivel de la producción, desde lo animado hasta las actuaciones de voz, nos hace sentir que más que jugando, estamos viendo un anime de Zelda.

Sabiendo que la variedad no está en su gameplay pero si en su reparto, Age of Imprisonment cumple a los jugadores y jugadoras la fantasía de encarnar a los personajes de reparto que están fuera de nuestro alcance en la saga troncal. Probablemente te enamoraste de alguno de ellos cuando los conociste, por lo que poder jugar como Rauru, Sonia o los Siete Sabios se convierte en una grata experiencia que aún a la distancia en tiempo y espacio, refuerza tanto nuestro vínculo con este mismo juego y con el que se desprende.

Pero eso no es todo, porque lejos de ser un refrito, la introducción de héroes como Calamo, el Korok bardero y el el misterioso Golem caballero, no solo nos dan nuevos personajes para utilizar, ampliando la variedad de combos y ataques combinados, sino que también equilibran el tono de la historia entre comedia ligera y aventura mística, siempre motivandonos para progresar en la historia.

Pero por sobre todas las cosas que continúan elevando a esta propiedad ya consolidada, Zelda sigue siendo el foco inequívoco como figura central. Lejos de los memes con el nombre de la saga y el verdadero protagonista, jugar con Zelda siempre resulta ser un cóctel exacto de frescura y fan service, demostrando que su personalidad apacible no la convierte en una damisela en peligro. 

Que me haya concentrado en todo lo relativo a su relato, no hace que la propuesta lúdica de la entrega sea olvidable. Si algo distingue a Age of Imprisonment es su lento pero constante intento de evolución. La base sigue siendo batallas multitudinarias, capturas de puestos de avanzada y tareas periféricas ligeras, pero a la repetición del combate ahora se le agregan algunas decisiones ligeramente más tácticas. Por ejemplo, en medio de las batallas aparece un nuevo movimiento de contraataque, que exige reaccionar a técnicas de nuestros enemigos, eligiendo habilidades precisas para contrarrestarlas en una suerte de piedra, papel o tijera en tiempo real. Directamente importados de TOTK, la utilización de dispositivos Zonai introducen variables estratégicas adicionales, desde herramientas que ofrezcan algún tipo de asistencia hasta torretas con múltiples ataques. Es verdad que no podemos construir un tanque o un helicóptero Apache como con Link, pero eso no quita que no haya personajes que utilicen dicho imaginario a su favor con los distintos combos que podemos ejecutar en las peleas.  

La incorporación que más terminé disfrutando de todos modos son los ataques sincronizados. Una vez lleno un medidor, podemos ejecutar especiales combinados con los otros guerreros que están en batalla junto a nosotros. Esto, eleva y potencia la sensación de álbum de figuritas del juego, haciendo que todo el tiempo queramos probar a los distintos personajes y busquemos hacer combinaciones que no se repitan. Esto no solo se ve espectacular en pantalla con maguas que son animaciones y otras que dependen de nuestro input, sino que amortizan la repetición de las mecánicas, dándonos a nosotros la motivación para mantenernos en movimiento y alternando personajes, lo que también ofrece un costado estratégico. 

La progresión también encuentra un equilibrio interesante. La gestión de recursos desde el mapa es un mini juego muy de planilla de Excel, pero nos ofrece una excusa para repetir niveles y resignificar el loot que a priori podría parecer inutil. Incluso las misiones secundarias, aun cuando repiten patrones del género, aportan valor gracias a un constante flujo de recompensas y desbloqueos.

Nobleza obliga también a destacar el rendimiento técnico. Tras los problemas notorios de Age of Calamity en la primera Switch, esta nueva entrega alcanza de manera estable y fluida los 60fps que apenas si titubean en los momentos de mayor explosión visual en la pantalla. La claridad y calidad gráfica, sumado a los efectos y la iluminación son una gran vidriera para la Switch 2, que entrega una experiencia rendidora y bien pulida sin mucho esfuerzo. 

Hyrule Warriors: Age of Imprisonment no se libera del todo de su naturaleza repetitiva, pero como reinterpretación del universo Zelda, es la entrega más sólida de la trilogía. Expande sin desbordar, innova sin perder su identidad y respeta una historia que merecía profundización. Es su variedad de estilos y un elenco muy particular lo que en definitiva eleva la experiencia. Esto no evita que caiga en lugares comunes – como excesos de melodramas o gimmicks como el Golem, que solo está para suplir la ausencia de Link sin que nadie se enoje mucho -, pero al menos, todo el tiempo se nota que todo lo que intenta, lo hace buscando ser la mejor versión posible de esta ensalada de frutas de género con la que vienen experimentando

Para quienes no puedan apreciar su naturaleza híbrida de película animada alternada con secuencias de acción como si jugaramos con nuestros muñecos, este será un título decepcionante. Pero se puede ver como para otros – entre los que me incluyo – esta es la primera vez que un Hyrule Warriors se siente una propuesta con su propio peso, ritmo e identidad, totalmente alineada a lo que uno espera con su saga madre. Y puede que haya que esperar, pero definitivamente estamos listos para otro.

Hyrule Warriors: Age of Imprisonment

Desarrolla:
Koei Tecmo Games
Distribuye:
Nintendo
Fecha de lanzamiento:
6 de noviembre, 2025
Disponible en:
Nintendo Switch 2
Versión analizada:
Nintendo Switch 2

«Hyrule Warriors se siente una propuesta con su propio peso, ritmo e identidad, totalmente alineada a lo que uno espera con su saga madre.»

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