Yoshi siempre tuvo una relación un poco extraña con su propia identidad. Mientras varios juegos de Nintendo encontraron hace décadas el equilibrio entre aventura, precisión y reinvención constante, los juegos protagonizados por su amigo dinosaurio parecen haber vivido a la sombra de un fantasma imposible de exorcizar: Yoshi’s Island (Super Mario World 2). Treinta años después, cada nueva entrega de la saga sigue cargando con esa comparación, incluso cuando ni siquiera intenta hacer lo mismo. Y quizás por eso, lo primero que disfruté de Yoshi and the Mysterious Book es que no parezca obsesionado con replicar una fórmula que ya no le sale.
Esta nueva aventura exclusiva de Nintendo Switch 2 entiende que Yoshi funciona mejor cuando deja de perseguir la gloria de su primer protagónico y se permite habitar un espacio más amable, curioso, lúdico y didáctico. No estamos frente a un juego que quiere medir nuestros reflejos con saltos milimétricos, enemigos implacables o castigos severos. Mysterious Book se construye alrededor de otra promesa: explorar un mundo de papel, descubrir criaturas extrañas, experimentar con ellas y llenar las páginas de una enciclopedia viviente. Menos una prueba de habilidad y más una invitación a tocar todo para ver qué pasa.
La premisa es tan simple como funcional. Un libro parlante llamado Mr. E cae en la isla de los Yoshis y necesita ayuda para recuperar la información sobre las criaturas que viven dentro de sus páginas. Bowser Jr. y Kamek aparecen para empujar el conflicto de turno, pero la historia nunca pretende ser mucho más que una excusa simpática para avanzar entre capítulos, biomas y escenarios. Lo importante está en el acto de observar. Cada nivel funciona casi como el hábitat de una criatura nueva, y el verdadero progreso no pasa tanto por llegar al final, sino por entender cómo interactúa Yoshi con todo lo que encuentra.
Ahí está el mejor acierto del juego. Yoshi tiene todos los movimientos que lo hicieron famoso en otros géneros, puede lamer, comer, saltar, aplastar, cargar o lanzar criaturas, pero cada una responde de una manera distinta. Algunas sirven para alcanzar zonas altas, otras funcionan como paraguas, resortes, herramientas para romper obstáculos o pequeñas piezas dentro de un puzzle ambiental. El placer
está en ese primer contacto, en no saber si algo va a rebotar, cantar, atacar, hidratarse, ensuciarse o convertirse en una solución inesperada. Cuando el juego detecta una interacción y la registra dentro del libro, hay una satisfacción marca Nintendo en su forma más pura: la sensación de que alguien pensó ese detalle para que el jugador lo disfrutara como un momento eureka casi descubierto por accidente. Esto también hace que Mysterious Book se sienta más cercano a un juego de puzzles que a un plataformas clásico. La estructura puede ser lateral y familiar, pero el objetivo real es completar pequeñas investigaciones, llevando la curiosidad humana como motor principal de la mecánica. Cada criatura tiene comportamientos que podemos descubrir, registrar y hasta nombrar, con una colección de juegos de palabras y diseños que entienden muy bien el costado más tierno de Yoshi sin caer en lo empalagoso o necesariamente pediátrico. Es un juego amable, pero no por eso menos desafiante. Su ingenio y su complejidad, simplemente están puestos en función de celebrar la curiosidad y no en castigarla.
Eso no significa que el desafío sea insípido, pero probablemente sea el punto más divisivo de toda la experiencia. Yoshi prácticamente no puede morir. Si cae por un precipicio, vuelve rápido al lugar seguro más cercano. Si recibe daño, el juego apenas lo acusa. No hay una presión real que nos obligue a jugar mejor, ni una tensión comparable a la de otros títulos de la saga. Entiendo que esto pueda expulsar a quienes buscan un plataformas más exigente o una aventura con algo más de resistencia. Pero también creo que sería injusto – y errado – juzgarlo desde ese punto de vista. Yoshi and the Mysterious Book no se define por su dificultad, sino por su capacidad de despertar curiosidad.
Cuando funciona, lo hace muy bien. La variedad de situaciones es notable y evita que la aventura se apoye demasiado tiempo en una misma idea. Un nivel puede pedirnos usar una criatura como medio de transporte, otro resolver un acertijo ambiental, otro aprovechar el comportamiento de un animal para alcanzar un objeto escondido. Aún así, no todas las soluciones son igual de elegantes. Algunas pistas pueden sentirse vagas o bastante arbitrarias, como si el juego esperara que sigamos probando acciones hasta que algo suceda. Pero incluso en esos momentos, la baja fricción de la experiencia hace que el error moleste menos de lo habitual.
A nivel visual, Switch 2 sigue demostrando que es mucho más que su predecesora. El estilo de libro animado, con páginas que parecen construidas en una mezcla de papel, maqueta y stop motion, es probablemente una de sus mayores fortalezas. Yoshi se mueve con esa torpeza adorable de siempre, potenciada por la calidad de la animación y la dirección de arte del veterano Kazumasa Yonetani. Cada criatura que encontramos tiene una personalidad clara, incluso cuando aparece apenas unos minutos, lo que la hace sentir viva más que simplemente un medio para un fin. Y para los cruzados de la definición, la resolución 4K ayuda a que los materiales, los bordes y los pequeños detalles del escenario se luzcan sin traicionar esa estética artesanal. No es un juego pensado para impresionar con músculo técnico, pero sí uno que entiende cómo usar la nueva consola para que su mundo sea más nítido, expresivo y más agradable de habitar.
La duración también va en línea con su propuesta. En unas seis o siete horas se puede llegar al cierre principal, aunque el juego guarda parte de sus mejores ideas para después de los créditos. Esta decisión, que Nintendo viene usando bastante más en los últimos años, funciona particularmente bien acá: el primer final no se siente tanto como una conclusión definitiva, sino como la apertura de una segunda capa de lectura. Volver a niveles anteriores con nuevas herramientas o conocimientos hace que el libro se sienta más vivo, como si sus páginas todavía tuvieran secretos esperando ser descubiertos y reinterpretados.
Yoshi and the Mysterious Book no es el heredero imposible de Yoshi’s Island, ni necesita serlo. Es otra cosa. Una aventura de bajo riesgo, mucha personalidad y una confianza bastante clara en que jugar también puede ser investigar, probar, nombrar y descubrirse a uno mismo sonriendo cuando una criatura absurda hace exactamente lo que no esperábamos. Puede que su falta de desafío le quite peso para cierto tipo de jugador, y puede que algunas soluciones no estén tan finamente diseñadas como otras, pero en una saga que durante años pareció no saber del todo qué quería ser, este libro misterioso encuentra una voz muy propia.
En Argentina hay un Museo Participativo de Ciencias que lleva por nombre “Prohibido No Tocar” y este juego me llevó todo el tiempo a pensar en esa experiencia. A aprender jugando, a aprender metiendo la mano, a aprender haciendo y a descubrir la satisfacción incomparable de sentirnos partícipes de algo más grande, por más pequeño que sea el ejemplo que nos lo revela. No todos los juegos necesitan ponernos contra la pared para ser memorables. A veces alcanza con abrir una página, encontrar algo raro del otro lado y preguntarse qué pasa si Yoshi le pasa la lengua.
Yoshi and the Mysterious Book
Desarrolla:
Good-Feel
Distribuye:
Nintendo
Fecha de lanzamiento:
21 de mayo, 2026
Disponible en:
Nintendo Switch 2
Versión analizada:
Nintendo Switch 2
«No todos los juegos necesitan ponernos contra la pared para ser memorables. A veces alcanza con abrir una página, encontrar algo raro del otro lado y preguntarse qué pasa si Yoshi le pasa la lengua.»



