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La saga Yakuza es tan emblemática como impenetrable. Uno de esos leviatanes del gaming que todo el mundo quisiera probar, pero que en occidente logra espantar a jugadores y jugadoras más casuales. El balance de 80% cinemática y 20% gameplay no congenia con la demanda dopamínica del gamer promedio. Y no está mal si se sienten en el grupo de los que no terminan de superar la membrana de entrada. Personalmente, por más que intenté por años, a mi también me costó descifrar el código que me abriría las puertas de la diversión tan anhelada. 

Todo eso cambió con Yakuza: Like a Dragon, esta suerte de spin off que también hizo las veces de Backdoor Pilot, para presentar toda una nueva rama de historias y personajes con el lore de lo construído en los juegos anteriores. El cambio al combate por turnos y la elección de Ichiban Kasuga como protagonista resultó ser una fórmula exitosa, que hizo la experiencia un tanto más accesible. Por eso no fue una sorpresa cuando se anunció Infinite Wealth, pero como un turista en la franquicia si me resulto una sorpresa lo bien que terminaron de limar todas las asperezas para que esta nueva entrega de Like a Dragon, se solidifique tanto como los Yakuzas troncales. 

Siendo todo tan foráneo, permítanme pasarme de criollo para tratar de hacer las veces de intérprete lúdico a esta experiencia. Like a Dragon: Infinite Wealth es más fácil de entender como una serie de televisión que como un juego. Un culebrón asíático cargado de humor, que lo termina acercando a lo que en Argentina al menos, siempre entendimos como “las novelas de Polka”. Personajes de barrio, de carne y hueso, que terminan viéndose envueltos en circunstancias desproporcionadas, en medio de la cotidianidad de sus existencias. El distrito de Ijincho podría ser el barrio de Flores salvando las distancias y viéndolo desde esa óptica, todo parece más cercano. 

En este caso sin embargo, abandonamos la isla del Sol Naciente para irnos a la Isla Grande, mejor conocida como Hawaii. Las circunstancias que nos llevan hasta estás costas son complejas e inesperadas, pero prefiero que el prólogo del título los ponga en tema, que no por nada se toma seis horas para hacerlo. Una vez más, esto puede sonar intimidante y lo hice sonar así un tanto adrede, para que luego vean como su estilo narrativo ayuda a los recién llegados a comprender el contexto del reparto, sus relaciones y su intrincado mundo. De nuevo, este juego es más acerca de quiénes son sus personajes y de dónde vienen y no tanto sobre las circunstancias de turno que los atraviesan. Infinite Wealth logra esto de una manera que, en mi experiencia, pocos títulos logran ejecutar. 

Las largas secuencias cinemáticas cargadas de pasión, son momentos ideales para disfrutar dejando el control. Si no son de mirar anime o ficción japonesa, el registro puede parecer un poco exagerado, pero todo se concentra en el sentimiento y la intención de sus personajes. Kasuga es uno de los protagonistas más cariñoso, dedicados y tridimensionales que vi en un juego en mucho tiempo y, por más que la situaciones en las que se ve envuelto siempre escalan, es refrescante ver como busca resolverlas desde un costado más humano que de héroe de acción. Y si, desde ya, el juego tiene todo un apartado de combate, pero la misma ficción nos explica que todas esas secuencias están realmente exageradas por la imaginación de Ichiban, por lo que incluso podemos tomar toda su hipérbole narrativa como la anécdota exagerada de ese amigo que tenemos, al que siempre le pasa un poco de todo.  

Justamente como apuntaba, una de las características que más disfruto de Infinite Wealth es su sistema de combate estratégico, el cual ofrece una experiencia tan profunda como uno quiera explorar. Todas las peleas pueden encararse de la manera más bruta posible, pero armar a nuestro entourage, solidificar las relaciones entre el equipo y luego posicionarse de manera tal que se formen cadenas de golpes a la hora de enfrentarnos a los enemigos, es casi un juego en sí mismo. Una vuelta de tuerca de los combates por turnos que ya se define como la evolución de la mecánica base. 

Fuera de los combates, la isla de Hawaii nos ofrece toda una serie de trabajos, oportunidades y minijuegos para poder mejorar a nuestro héroe, hacer dinero y también conocer a toda una serie de personajes de lo más particular. Sin embargo, el trabajo de SEGA no se detiene en poner un par de arcades retros o una máquina de ositos para disfrutar, sino que dentro del título existe una parodia de Pokémon y otra de Animal Crossing con un nivel de complejidad en sus mecánicas, que realmente transforman a Infinite Wealth en uno de esos juegos donde uno puede pasar años enteros.  

A nivel audiovisual, el trabajo se nota igual de herculeano, pero el ambicioso alcance de la propuesta hace que a veces se note demasiado el copy/paste. No puedo decir que no parezca un juego de nueva generación, pero hay algo así como una “estética SEGA 3D” que flota en el inconsciente colectivo, que a veces logra que todas sus obras se asemejen demasiado. Durante las cinemáticas, todo lo que es diseño y texturas es óptimo, pero una vez que vamos a las acciones más comunes, el juego a veces pierde un poco su esplendor. La atención al detalle parece ser infinita, pero a veces se la siente exhausta. 

Por otro lado, mientras que en las redes se puede encontrar a residentes de Hawaii reaccionando de manera positiva a la representación del juego, el distrito en el que nos encontramos en Infinite Wealth no parece tener el encanto intrínseco de Japón, ya que resulta una zona turística veraniega bastante genérica. La historia de pez fuera del agua funciona como en una comedia de los ochentas, pero las locaciones en general no tienen el mismo impacto en mi que los estrechos callejones japoneses. 

Al final del día, por más que sea una delicatessen difícil de digerir, vale el esfuerzo. Infinite Wealth se destaca en un aspecto donde pocos juegos triunfan. El exceso de profundidad y detalle en sus personajes los termina transformando en personas de verdad, por las cuales desarrollamos sentimientos. Si se toman el tiempo de conocerlos, Kasuga, Kyriu, Tomi y Chitose pueden transformarse en una party tanto o más icónica que la de cualquier Final Fantasy, solo por mencionar a algunos de los personajes. Incluso me encuentro prendiendo velas por un nuevo spin off acerca de Adachi y Namba. Puede que estos nombres no les signifiquen nada hoy, pero una vez que les dediquen un par de horas al día como lo harían maratoneando una serie en Netflix, estoy seguro que van a sentirse de la misma manera.

Like a Dragon: Infinite Wealth es una experiencia bisagra para Yakuza como franquicia y tal vez la mejor puerta de entrada para toda una nueva camada de jugadores y jugadoras. Es difícil no engancharse con su combinación de mecánicas de juego sólidas, su narrativa cautivadora y la atención al detalle. Y cada vez que todo esto se vuelve un poco denso, hay otros dos juegos casi enteros dentro del mismo.Y si aún todo eso nos supera, hay un mundo semiabierto lleno de historias de color por descubrir. La saga Yakuza es tan emblemática como impenetrable, pero Ichiban Kasuga e Infinite Wealth son los embajadores ideales para que descubras tu nueva franquicia favorita, por más que hace años que estaba ahí.  

Like a Dragon: Infinite Wealth

Desarrolla:
Ruy Ga Gotoku Studio
Distribuye:
Sega
Fecha de lanzamiento:
26 de enero, 2024
Disponible en:
PlayStation4, PlayStation 5, Xbox One, Xbox Series, PC
Versión analizada:
Xbox Series X

«Like a Dragon: Infinite Wealth es una experiencia bisagra para Yakuza como franquicia y tal vez la mejor puerta de entrada para toda una nueva camada de jugadores y jugadoras.»

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